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Las frías, lúgubres, oscuras y apestosas mazmorras están ahí para que los alumnos reciban sus clases de pociones, sus castigos y para que los profesores guarden los suplementos de pociones y cosas varias.
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Albus Dumbledore
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Mensaje por Albus Dumbledore »

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La imagen es de carácter ilustrativo.
Domingo 19 de Febrero, 14.30 horas...

Hay una pequeña mesa redonda con dos sillas. Sobre la mesa, un mantel blanco con bordes rojos y una merienda para dos: una tetera, un jarrito con leche, una azucarera con terrones de azúcar en forma de corazón, dos tartaletas de Manchester individuales y una bandeja con tostadas y sandwiches. Un pequeño florero descansa en el medio de la mesa, pequeño pero perfumado, con flores rojas.
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Garrett Stanley
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Mensaje por Garrett Stanley »

((OMG... Me quedó larguísimo))

Garrett no había terminado de masticar su desayuno cuando aquel sobre había caído frente a él en la mesa Gryffindor. Sujetó la carta, y reconoció una invitación de San Valentín por su decorado. Acto seguido se atragantó con el trozo de croissant que estaba engullendo; tosió fuertemente, bebió abundante agua, más no lograba aliviar el ahogo. Finalmente fue socorrido a base de golpecitos por un alumno de primero.

Agradeció al muchacho el gesto y volvió a aquella inesperada carta que tanto lo había sorprendido. Apoyó los codos sobre la mesa, agarrando el sobre con ambas manos para inspeccionarlo e inconscientemente giró la cabeza de lado a lado, observando a su alrededor como si buscara algún alumno o alumna que corriera hacia él gritando “¡Perdón, es para mí… La lechuza se ha equivocado!”

Sin embargo, nadie parecía estar prestándole la más mínima atención a Garrett Stanley ni a su sobre de corazones. Las habituales murmullos en la mesa de la casa Gryffindor delataban que ni si quiera su reciente accidente había sido motivo de alerta para ninguno de sus compañeros. La invisibilidad del joven Gryffindor era tan evidente que el haber recibido una carta invitándolo a pasar una velada de San Valentín era totalmente incongruente.

Cuando hubo asimilado que no era un error, y que la carta iba dirigida a él, se dijo que ni por todos los galeones del mundo aceptaría a aquello. Debía ser algún tipo de broma de alguno de sus amigos. Las horas siguientes al comunicado tanteó a Liam Eastaugh y a Rajesh Korrapati. Ni un solo gesto delatador; no habían sido ellos. ¿Rachell Sullivan? Tenía buena relación con ella, pero sabía de sobra que salía con su amigo. ¿Megan Summers? Su actitud se había tornado sospechosa últimamente; pero no era difícil adivinar por quien perdía los sentidos cuando desviaba su mirada hacia la mesa Gryffindor.

¿Y si no fuera una broma? ¿Y si alguien lo estuviera esperando? El resto de la tarde Garrett Stanley se dedicó a analizar las expresiones de las chicas; la ilusión de Rachell, el miedo de Megan… La tristeza de su madre, y la inocencia de su hermana. Ninguna mujer merecía que se le rompiera e corazón; nadie tenía ese derecho. Poco antes de cumplirse las veinticuatro horas que cupido le había otorgado; Garrett corrió a su dormitorio, agarró su pluma y un bote de tinta negra recién estrenado y confirmó su asistencia al encuentro.

Pasaron los días y la curiosidad de Garrett iba en aumento; lo que había comenzado siendo un gesto de altruismo, acabó siendo una distracción para sus estudios. Había acudido al despacho de McGonagall con la una rama de acónito restante de una clase de pociones con la pretensión de que le enseñara a transformarlo en un ramo de flores. Del despacho de la jefa Gryffindor salió aconsejado de que dejara de realizar afables favores a su amigo Rajesh Korrapati y que se centrara en la preparación de sus TIMO’s.

Llegó el domingo, y lo máximo que Garrett había logrado con la ayuda de los libros era transformar el acónito en una pequeña flor de lirio; no era mucho pero se dio por satisfecho. Vistió unos vaqueros claros y un jersey de color vino, agitó su varita sobre su cabello, que se secó de inmediato adquiriendo su habitual aspecto desaliñado y aún le sobró tiempo para ordenar por encima sus apuntes y libros antes de salir en dirección al encuentro. Llegó un cuarto de hora antes de lo indicado; atravesó el salón hasta llegar a la mesita que Cupido había predispuesto: Dulces, tostadas y sandwiches; aquello tenía buen aspecto. Reparó en el jarrón de flores rojas que había como centro de mesa y colocó entre todas ellas su pequeño lirio; antes ya era consciente de que no era gran cosa pero ahora le resultaba aún menos.

Caminó a lo largo del salón, parándose a observar cada detalle que escondía aquella sala en desuso del castillo. Las vistas de cara al interior del lago, eran impresionantes desde luego. Mirar por la ventana resultaba un divertido entretenimiento para una espera a corto tiempo.

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Ruth Crowley
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Re: ESV: [SERENATA]

Mensaje por Ruth Crowley »

((Hola, te pido un millón quinientos ochenta y tres disculpas por la tardanza. Voy a entenderlo si preferís ver a Ruth castigada que contestar, pero... *insert puppy eyes* - PD: me quedó largo también, jaja))


Cuando Ruth se había enterado del evento de San Valentín, la curiosidad se había apoderado de ella y había ido lo más rápido posible a ver la fuente y las piedras. Su idea era mirar a los demás tirar las piedras, pero pronto se había dado cuenta de que su presencia incomodaba a los alumnos (sobre todo a los varones) y decidió pararse en algún lugar alejado, en lugar de quedarse allí sentada en el borde de la fuente junto al canasto con piedras.

Se había animado a preguntarle a una de las chicas sobre el momento de tirar la piedra y la chica le había respondido que tenía que pensar en el chico que le gustaba con todas sus fuerzas para que la magia funcionase. La chica se había ido y Ruth se había quedado allí parada, mirando hacia la fuente y con las mejillas ligeramente rojas. No rojas porque le gustase alguien, no. Rojas porque estaba delante de un posible experimento que podía ser muy, pero muy interesante si le salía bien.

-Ok, mente en blanco, Ruth- pensó. Aprovechando que no había nadie más allí (porque al parecer era la hora de alguna comida que Ruth ni recordaba), cerró los ojos y comenzó a inhalar y exhalar largamente, para relajar su mente. Había visto a su madre hacer yoga con un programa de televisión cuando era niña y recordaba más o menos cómo hacer para poner la mente en blanco. No tenía que pensar en nadie en especial.

Cuando estuvo lista, se acercó al canasto, tomó una piedra y la arrojó a la fuente. Quería ver si cupido era capaz de conseguirle una cita tan solo con información sobre ella misma.

* * *

Había llegado el día de la cita. En su mente todo apuntaba a que el encuentro sería una sesión de investigación, más que una cita a ciegas. Pero su realidad adolescente la había dejado sorprendida hasta a ella misma: le preocupaba verse bien, sea quien fuese la persona que la estaría esperando.

Luego de probarse demasiadas opciones (y sintiéndose una tonta por estar haciendo aquello), había optado por llevar una cantidad importante de capas de ropa: blusa blanca, sweater, pollera, medias gruesas y por encima de todo un abrigado saco de lana gris. Hacía frío en el castillo, pero quizás le daba calor. Ella necesitaba tener esa cantidad de capas para regular su temperatura. Llámenla loca, pero piensa en esas cosas de antemano y detesta sentirse incómoda físicamente, sea por frío o por calor. El cabello ligeramente enrulado gracias a unos rollos de pergamino y aire caliente de la varita también era parte del regulador de temperatura, ¿eh? Pfft, ¿qué se piensan?

Al salón llegó cinco minutos antes del horario, pensando en prepararse a solas para su encuentro (o sea: dar una vuelta e investigar el salón, tal y como estaba haciendo Garrett). Pero cuando llegó al lugar ya había alguien allí. De espaldas no lo reconocía, pero eso no era algo extraño en alguien que no socializaba en exceso. Se acercó a la mesa observando la espalda del chico, llena de nervios. ¿Quién sería? Tan solo por esa sensación genial de incertidumbre que tenía en ese momento, sabía que el haber tirado la piedra había valido la pena.

"¿Hola?" saludó, sonriendo un poco.
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Garrett Stanley
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Mensaje por Garrett Stanley »

¿Sería posible ver al calamar gigante en su hábitat natural a través de aquellas impresionantes vistas desde la calidez de un salón con encanto? Garrett esforzaba su vista al máximo, en búsca de algún movimiento fuera de lo normal, sin embargo, apenas podía ver más allá de lo que sucedía a un metro tras el cristal.

La densidad del agua y la profundidad de aquellas mazmorras bajo aquel lago verdoso impedían que la vida más allá de los muros del castillo pudiera observarse con claridad. O, quizás, era la claridad del salón lo que contrastaba con la profundidad del Lago Negro. ¿Habrías criaturas observandole a él? ¿Era aquello un escenario iluminado para quienes estuvieran al otro lado del ventanal?

Garrett Stanley se encontraba tan ensimismado que no escuchó las pisadas de la joven Ravenclaw atravesando el salón hasta haberse acercado a la pequeña mesa de merienda. De manera que el afable saludo de la chica sóno como un imprevisto Gong el oído del joven Griffyndor.

Sobresaltado, Garrett se giró, tropezó consigo mismo - nada de cordones desabrochados, únicamente poco dominio de sus tobillos - logró mantener el equilibrio con escaso disimulo y gran orgullo, y alzó la vista en dirección a la chica que debía haberlo citado por San Valentín justo para toparse con la sonrisa de…

¿Ruth Crowley?

Ho… Hola” respondió timidamente. Estaba claro; Hogwarts albergaba grandes misterios, pero claramente, para Garrett Stanley el mayor de todos ellos era aún, el funcionamiento de la mente de las mujeres. ¿Acaso Ruth Crowley se sentía atraída por él? Tragó saliva y trató de esbozar una sonrisa. - No te quedes ahí parado como un estúpido, sé amable, Garrett – se ordenó. ¡Rayos! Estaba decepcionado consigo mismo, no había sido capaz de ver las señales. ¿Pero qué señales? ¡Su compañera Ravenclaw jamás de los jamases había motrado ningún tipo de interés en Garrett que él hubiera podido interpretar como señal!

¿Nos… Sentamos?" Preguntó dubitativo, acercándose a la mesita baja y apartando una de las sillas de ella para ofrecérsela a su compañera. ¿Qué había aprendido durante todos estos años de su excesiva compañía femenina? Nada. Absolutamente nada. Las chicas seguían siendo todo un misterio para Garrett, pero ahí estaba, a sus incipientes 15 años, tratando de dar torpemente lo mejor de sí mismo como buen caballero Gryffindor.

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Ruth Crowley
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Mensaje por Ruth Crowley »

((Ahora están los dos en sexto, pero en ese momento estaban en quinto, ¿no? Solo para chequear que son compañeros de año))

Ruth no conocía mucho sobre el mundo de los varones y, si vamos a empezar a enumerar las cosas que no sabían, mucho menos sabía de romance y citas. ¡Eso era lo genial de su experimento! ¿Y si existían las almas gemelas o algo similar?

Mientras se acercaba a la silla que él le ofreció, Ruth lo observó detenidamente. Sabía que era un compañero de año, de Gryffindor, de apellido Stanley (se sabía los apellidos de casi todos sus compañeros gracias a escuchar a los profesores tomar lista durante tantos años), pero no recordaba demasiado bien su nombre.

"¡Gracias!" dijo, mientras se sentaba y acomodaba la silla un poco más cerca de la mesa. "Soy Ruth Crowley, de Ravenclaw", le dijo. Y rápidamente agregó: "Por si no recuerdas mi nombre" -Porque yo no me acuerdo del tuyo, por favor dímelo-.
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